The subtle art of not giving a fuck

Reseña de librazo – ‘The Subtle Art of Not Giving A F*ck’

Acabo de terminar de escribir mi último libro de autoayuda. Lo he titulado ‘3 semanas hasta hacerte millonario, trabajar poco, follar mucho y dejar de sentir dolor’.

Es broma… nunca he escrito un libro de autoayuda. Pero he leído muchos.

Los libros de autoayuda suelen venderte un futuro plausible (aunque poco probable) en el que todos los problemas que tienes actualmente desaparecen. Así, se basan en la idea de que tu vida hoy no es aceptable, y que solamente serás feliz cuando cambies y te conviertas en otra persona. Normalmente una persona con más cosas; más dinero, más amigos, más masa muscular y más seguidores.

Yo siempre siento un subidón al leer este tipo de libros. Me dan esperanza y como una dosis de cocaína (o de Red Bull), activan mi ímpetu para afrontar mis problemas cotidianos con intención de exterminarlos. Pero al igual que con las sustancias que he descrito, los efectos duran poco. Llega un punto donde no logro los resultados deseados y me vuelvo escéptico. “Si total, no conozco a nadie que haya conseguido esto…”. Luego abandono el compromiso, o lo tergiverso.

Cuando leí ‘the 4-hour workweek’ de Tim Ferris me emocioné tanto que me vi obligado a perseguir el sueño. Lo hice, no obstante, a mi manera y de manera gradual. 2 años y medio después mi vida ha cambiado radicalmente, pero sigo trabajando duro hacia el sueño de vivir y trabajar donde quiero y cómo quiero. Seguramente Ferriss estaría satisfecho con mi progreso, pero si en su libro explicara que te lleva 2 años y medio de duro trabajo el empezar a palpar tus objetivos, no vendería tantos libros como lo hizo.

The Subtle Art of not Giving a Fuck’ (aún no se ha traducido al español pero he visto bloggers que traducen lo traducen como ‘el arte sutil de no dar una mierda’. Yo tengo una versión más iberica; ‘el sutil arte de importarte tres cojones’.), escrito por Mark Manson, presenta la idea de que antes de comprometerte a un objetivo, tienes que replantearte los principios en los que basas tus decisiones (y en los que basaste el propio objetivo). Una vez tienes eso, te puedes pasar el resto de las cosas por el forro (si te ofende mi lenguaje en este post, no te leas el libro, aunque puedes leerte el resto del artículo, pues no contiene más obscenidades).

Tal y como está el patio, antes de ponerte a pensar sinceramente en tus principios ya vas a haber sido sujeto de una maquinaria de distracciones y (falsas) premisas que te bombardean con tal rapidez que no te dan tiempo a cuestionarte nada.

Es la realidad de la sociedad occidental del siglo XXI, por eso este libro es no solamente tremendamente divertido, sino que también tremendamente útil.

Se lo recomiendo a cualquiera persona que cumpla con estas condiciones:

  1. Es capaz de tener una conversación de 5 minutos sin enfadarse
  2. Entra en Facebook al menos una vez cada dos días.

    ¿Preparado? Vamos a por algunas de las ideas que más me han llamado la atención:

La razón por la que andamos siempre preocupados es que nos rigen malos valores

Está feo decirlo, pero todo el mundo queremos más dinero o más poder, especialmente éste último. Yo mismo quiero estas cosas dos cosas cierta medida. El problema es que éstos son los valores principales que subyacen las decisiones de la mayoría de la gente en esta sociedad.

Estos son los valores que llevan a mucha gente a ver a sus hijos solamente durante el fin de semana, a dejar de hablarse con sus hermanos, a mudarse a ciudades contaminadas que ellos mismos odian, a estar enganchada a las drogas ilegales, legales, el sexo, el fútbol o la política.

Es un cliché, pero lo más importante en la vida es pasar tiempo haciendo lo que te gusta. Sin embargo, estas cosas pasan rápidamente a un segundo plano en beneficio de un ascenso, una oportunidad de negocio o un comentario vejatorio en Facebook.

Preocupate de lo importante y olvídate del resto.

La felicidad no es la ausencia de dolor

En una cultura dionisíaca como la española esto no es tan obvio. Hay algo sublime en tumbarse en una playa y comer calamares rebozados durante un mes. Pero ¿y si fuera toda tu vida así?

Mucha gente no se da cuenta, pero la idea de hacer cosas que no te gustan para gente que no te gusta durante 40 años hasta que te jubilas y te quedas sin nada que hacer es precisamente eso. Cubrir todo tu tiempo con responsabilidades y trabajo para algún día no tener responsabilidades ni trabajo. Muchos esperan que ese día llegarán al Nirvana, pero la realidad es que el 40% de los jubilados británicos sufren riesgo de depresiones clínicas.

Como dice el gran Jodorowski, la felicidad es hacer lo que a uno le gusta. ‘Hacer’ implica un esfuerzo, una resistencia, un discomfort.  Tenemos que buscarnos un discomfort cuyo resultado (a corto plazo) nos dé gustito.

Una vez conocí a un señor que vivía cómodamente de rentas de propiedades que había heredado. Un buen día a los 50 años decidió que se aburría y montó una empresa de albañilería, donde junto a su equipo, se pringaba las manos de cemento reformando pisos y pegando baldosas en cuartos de baño. “Siempre me ha gustado la albañilería” decía.

Por algo será que tanta gente se obsesiona hoy en día con algo tan doloroso como correr maratones. Curiosamente, yo he observado que estos sonrientes maratonianos tienden a odiar sus trabajos.

‘Entitlement’ es el cáncer de la sociedad

Perdonadme por meter un palabro 100% anglo, pero es que no he encontrado una traducción para este término. ‘Entitlement’ es una palabra bastante en boga que viene a significar ‘la sensación de que se tiene un derecho inherente a algo’.

Es un término que Simon Sinek asocia con la generación milenial. Tenemos todos los mileniales en el bolsillo una ventanita a un mundo lleno de gente que aparentemente ha conseguido éxito y fama sin mayor esfuerzo. Esto nos hace pensar que las cosas se consiguen sin sudor y sangre, con un ‘click’, lo que implica que ya deberíamos tener esas cosas (porque no nos hemos esforzado). Esta idea es perniciosa, y se debe en parte a que todo hoy en día es marketing (sí sí, este artículo también), y el marketing tiene que dar la impresión de que el éxito es fácil.

Manson habla del ‘excepcionalismo’, la idea de en el mundo virtual, tan saturado de gente, solamente los excepcionales en algo asoman la cabeza sobre el resto. Esto hace a la gente obsesionarse con ser extraordinarios (o morir). Pero pocos entienden el esfuerzo que eso implica, así que se frustran y comienzan a echar la culpa al resto.

Esto es caldo de cultivo del ‘chic del victimismo’, o la romantización de la vulnerabilidad. Es la vía más fácil para resaltar sobre el resto, pero como dice Stephen Fry, el victimismo es la emoción más destructiva del mundo.

Como contrapunto a esta enfermedad, hay un viejo valor estoico que viene como anillo al dedo.

“Asume responsabilidad sobre lo que te acontece y preocúpate solamente de lo que puedes cambiar.”

Evitamos todo lo que amenaza nuestra identidad

Google y Facebook saben muy bien que las personas se sienten cómodas cuando lo que ven se alinea con su visión del mundo. Estas dos empresas hacen dinero a través de anuncios que incluyen links a otras páginas web, y cada vez que una persona hace click en ese link, la página web de destino paga a Google o a Facebook. Cuanto más previsible y confiados sean esos clicks, más dinero hacen Google y Facebook. Esto hace que se favorezca la denominada ‘burbuja de filtros’, donde la gente que va a Facebook y Google ve contenido en base a sus preferencias, y a sus afiliaciones.

Esta burbuja es perniciosa para nuestra percepción del mundo y de nosotros mismos, pues nos ciega a ideas que desafían nuestras opiniones. Conocerse a sí mismo es ir quitándose capas. Paradójicamente, esto implica renunciar a todas esas cosas que te identifican. Como buenos primates, aún pensamos que necesitamos formar parte de tribus para sobrevivir, y por eso nos tomamos nuestras afiliaciones tan a pecho. Hasta el punto de enfadarnos cuando nuestra identidad se ve en peligro.

Para llevar una vida más pacífica y feliz es fundamental que veamos el mundo más allá de la burbuja de filtros y mantengamos la mente abierta a ideas con las que no estemos necesariamente de acuerdo. Esto es educación. Esto es tolerancia. Esto es razón.  

 

El rechazo mejora tu vida

Esta es otra idea contraintuitiva relacionada con esa realidad primate que tenemos.

Como mamíferos gregarios, nos tomamos el rechazo como una sentencia de muerte, pues hubo un tiempo en que lo era. Sin embargo, si decides ser responsable de lo que te acontece y quieres conseguir cosas por tí mismo, es inevitable que te acostumbres a ser rechazado, porque mucha gente no te va a querer en su tribu.

Tú también deberías ser más discriminatorio en algunas situaciones, pues complacer a todo el mundo es receta para el desastre.

Tener unos valores fuertes es fundamental para superar la inevitable punzada emocional de ser rechazado. Eso, sumado al curtimiento de tus rechazos diarios, te va convirtiendo en una persona inquebrantable.

La libertad se consigue con el compromiso

Existe una paradoja en cuanto a libertad de elección se refiere. Cuando pides un plato en un restaurante estás quitándote la libertad de pedir otro. Te puedes comer dos si quieres, pero tu hambre y tu tiempo son limitados.

En un mundo en el que existen tantas opciones y oportunidades, podemos rápidamente sentirnos frustrados a la hora de elegir. Odiamos la sensación de ‘perdernos algo que hubiera sido mejor’.

Yo durante muchos meses me quise comprar una guitarra pero como no sabía cuánto tiempo estaría en el país donde estaba, no quise invertir dinero en algo que a lo mejor tenía que vender (o desplazar) a los dos meses. Para poder disfrutar de mi guitarra, tuve que comprometerme a vivir en ese país durante los meses suficientes para sacarle provecho a mi instrumento. En otras palabras, tuve que quitarme libertad de desplazamiento para disfrutar de la libertad de tocar esa guitarra que tanta alegría me traía.  

Una vez más, utilizar tus principios como baremo a la hora de elegir puede ayudar a discriminar. Porque amigo, tienes que discriminar.

En definitiva

Este libro es lo que yo necesitaba leer en esta época de grandes interrogantes y falsos gurús. Su franqueza es incómoda pero enormemente útil. Toca muchos de los temas que afectan a cualquiera de nosotros día a día, como nuestra relación con las redes sociales y nuestra estúpida actitud hacia la muerte.

Por ejemplo, yo soy optimista y pienso que internet va a mejorar el mundo al ser una estupenda herramienta de conocimiento y distribución de ideas. Pero necesitamos tener una brujula filosofica para navegar en este océano y no ahogarnos en un ciclón.

Desde que he leído el libro, estoy experimentando con unos (contraintuitivos) mantras que me repito por las mañanas

Hoy:

  • Soy responsable de lo que me acontece
  • Nada es previsible
  • Voy a cometer errores y voy a aprender de ellos
  • Voy a ser rechazado y a rechazar
  • Puedo morir

He decir que están funcionando.
Si os pica la curiosidad de leer el libro, podéis comprarlo aquí.

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